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Con
el Beato Juan Pablo II |
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| "Sin el domingo no podemos vivir:
es lo que profesaban los primeros cristianos, incluso
a costa de su vida, y lo mismo estamos llamados a repetir nosotros
hoy (Benedicto XVI, ángelus del 22 de mayo de 2005) |
| "Los ornamentos litúrgicos -el alba,
la estola y la casulla- que el sacerdote lleva durante la celebración
de la Sagrada Eucaristía quieren evidenciar, ante todo, que
el sacerdote no está aquí como persona particular,
como éste o aquél, sino en lugar de otro: Cristo.
(...).
Los ornamentos litúrgicos nos recuerdan directamente los
textos en que san Pablo habla de revestirse de Cristo. (...)
Los ornamentos litúrgicos recuerdan todo esto: este hacerse
Cristo, y la nueva comunidad que ha de surgir a partir de ahí.
Es para el sacerdote un desafío: entrar en la dinámica
que lo saca fuera del enclaustramiento de su propio yo, y lo lleva
a convertirse en una realidad nueva a partir de Cristo y con Cristo.
Les recuerda, a su vez, a los que participan en la celebración,
el nuevo camino, que comienza con el Bautismo y prosigue con la
Eucaristía; camino hacia el mundo que ha de venir, y que,
partiendo del sacramento, debe comunicarse y delinearse ya en
nuestra vida cotidiana".
Fuente: Josep Ratzinger, El espíritu
de la liturgia, "El cuerpo y la liturgia" ed. Cristiandad |
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